Por Jenny Perez
Un grupo de hombres sentenciados por casos de corrupción y delitos financieros encerrados en un presidio de Bogotá se hacían visitar por manicuristas para que les hicieran las uñas.
La noticia de septiembre pasado generó indignación en Colombia. No era aceptable que estos presos recibieran privilegios especiales, se decía.
Pero nadie pareció sorprenderse de que un grupo de señores quisieran que les hicieran las manos.
Es que aquí el cuidado de las uñas es algo usual, y claramente fundamental para algunos.
La primera vez que le presté atención a esto fue hace varios meses en una conferencia de prensa en la Asociación de Oficiales Retirados de las Fuerzas Militares (ACORE).
Para donde miraba veía una mano terminada en brillantes uñas, perfectamente pulidas, muchas pintadas con un esmalte apenas visible.
Casi no había oficial retirado sin manicura.
Desde entonces he mirado curioso las manos de los hombres colombianos en muchísimas ocasiones para ir confirmando, caso por caso, esta costumbre.
Más del 27% de los colombianos
Este es un hábito que no está demostrado solamente por mi pobre método científico, basado en una limitada inducción.
Una encuesta realizada por el sitio de comercio electrónico Groupon en cinco países de Latinoamérica en mayo de 2015 reveló que los hombres colombianos son mucho más propensos que los demás a hacerse tratamientos de manos –y de pies.
Fuente BBC Mundo


