Por: La Redacción - Santo Domingo, R.D.-
El
6 de noviembre, al filo de la madrugada, la mayoría de los votantes
norteamericanos consagraron la reelección de Barack Obama y Joe Biden
para un segundo mandato de cuatro años.
A
nadie escapa lo reñido que resultó la lid electoral, aunque se definió,
de forma rápida e inobjetable, a favor de los candidatos demócratas.
Una vez conocidos los resultados, no sólo la mayor parte del pueblo
norteamericano sino también del resto del mundo, respiró aliviado. Y no
era para menos.
Miguel
Mejía, secretario general del Movimiento Izquierda Unida, MIU, afirma
que Obama venció en el voto popular, en los principales Estados en
disputa, y su partido retuvo la mayoría en el Senado.
Sobre el significado de esta victoria, el líder del MIU expresó:
Teniendo como telón de fondo a la peor y más tenaz crisis económica global de todos los tiempos,
un capitalismo que hace agua por todos lados, y un liderazgo mundial
norteamericano sensiblemente deteriorado, la victoria de Barack Obama
fue, de los males, el menor.
A
diferencia de lo que afirman sus críticos más simplistas, sí hay
diferencias entre las fuerzas políticas y económicas que apoyaron a
Obama y a Mitt Romney, y sí importaba, y mucho la victoria de uno u
otro. No en vano, y a pesar de las promesas incumplidas, el desempleo,
los desalojos y sus inconsecuencias, Barack Obama logró el apoyo de los
norteamericanos más humildes, de las minorías, especialmente de los
hispanos, afroamericanos y judíos, de las mujeres y, casi absolutamente,
de los jóvenes.
También entre los principales representantes de arte, la cultura y la industria del entretenimiento.
Y
no en vano sus programas y su discurso suscitaron esperanzas y
simpatías en la mayor parte de las sociedades del planeta y de los
líderes mundiales, desde Hugo Chávez hasta los asiáticos, pasando por
los africanos y europeos.
Romney
representaba un regreso al pasado. Su victoria hubiese constituido una
especie de tercer mandato para las fuerzas retrógradas que
protagonizaron los ocho años del mandato de George W. Bush, y que
arrastraron a la nación, y al resto del mundo, a guerras infinitas,
aventuras imperialistas y una crisis global galopante.
Ignorante
y dogmático, hostil a los emigrantes y a los cambios, despectivo con
las mujeres, y sin nada creíble que prometer a una juventud angustiada y
sin horizontes, Romney fue el candidato de las grandes corporaciones,
del Complejo Militar Industrial, de Wall Street, de los
teo-conservadores y fanáticos religiosos, del siniestro clan
neoconservador, revanchista y agresivo, de los sionistas y promotores de
la contrarrevolución mundial. Con su derrota fue derrotado, por ahora,
el 1% que lucra con las miserias y angustias de las mayorías.
Las
celebraciones espontáneas que se presenciaron en las principales
ciudades norteamericanas mostraron un país de jóvenes y viejos, mujeres y
hombres, negros, hispanos y asiáticos, trabajadores y clase media,
alegres y concientes de que con su movilización habían logrado cerrarle
el paso en las urnas a las elites enriquecidas y soberbias que los
desprecian. Se trató, en consecuencia, no de la victoria de un político,
ni siquiera de un partido, sino de una esperanza, la misma que recorre a
los países del Tercer Mundo, y muy especialmente de América Latina, que
piden respeto a sus determinación y soberanía, y cooperación, no
ingerencia, para erradicar la pobreza estructural, la falta de
oportunidades y el acceso a un desarrollo sostenible.
Con
la victoria de Obama no se conjuran definitivamente las amenazas
guerreristas contra Irán, Siria y otros países del Medio Oriente.
Tampoco se vislumbra la construcción de un orden económico mundial más
justo. No se cerrará, probablemente, la tétrica prisión ubicada en la
Base Naval de Guantánamo; no se levantará el injusto bloqueo contra
Cuba, ni cesará la subversión organizada desde fuera contra la Venezuela
bolivariana, Ecuador, Bolivia o Argentina, pero sin dudas tampoco se ha
entregado un cheque en blanco a lo peor de los representantes
imperialistas.
Puede
que aún el mundo no gire a la izquierda, pero desde antier, ya se sabe
que no gira absolutamente a la derecha. Y siguen las esperanzas y las
luchas.

